sábado, 26 de marzo de 2016

PALABRAS QUE PRONUNCIÉ EN EL JUEVES SANTO EN VALLADOLID

Composición fotográfica del acto:
Virgen de Fátima,  paso del Prendimiento
de Jesús y yo leyendo.
El pasado día 24 de marzo, Jueves Santo, a petición del Apostolado Mundial de Fátima, pronuncié las siguientes palabras durante la procesión de la Amargura de Cristo.

Durante el recorrido la cofradía de la ORACIÓN DEL HUERTO, que porta el paso del mismo nombre y otro más, EL PRENDIMIENTO, realiza un acto penitencial en la calle ante el convento de la Madres Salesas.

A este evento se incorpora la imagen de la Virgen de Fátima, que el citado Apostolado tiene depositada en la iglesia conventual.

Para mejor comprensión he divido el texto en las cinco partes que sucesivamente desarrollé y a las que he puesto número y título.

1- INTRODUCCIÓN:
Noche del Jueves Santo. Hace una pocas horas hemos podido volver a celebrar aquellas escenas en las que Jesús instituye la Eucaristía.
 Hecho grandioso, ¡milagroso! que sólo Dios puede realizar. Sí, porque en ese Sacramento está realmente presente con su Cuerpo, Alma, Sangre y Divinidad. 
Regalo de Amor de todo un Dios que, además de haberse hecho hombre, humildemente se hace comida para los suyos. Se tiene que ir  pero se queda,  consigue con su poder la gran aspiración de todo enamorado en esas circunstancias. 
Porque es el Amor, ese amor auténtico y sin medida que tiene por nosotros, por cada uno, por tí y por mí, lo que le lleva instituir la Eucaristía.

2- EN EL HUERTO:
Ahora le podemos imaginar saliendo, con los once, del lugar de la cena camino del torrente Cedrón y llegando al huerto donde otras muchas veces se había retirado a orar o descansar.
 Os invito a entrar con Él en Getsemaní para participar en la agonía más grande, la traición más sacrílega y la prisión más inicua que se ha visto en la Tierra. 
Avanza entre los olivos.....Hay un momento en que se detiene y deja a la mayor parte de ellos para que le esperen aconsejándoles velar y orar. 
Sigue avanzando, ya sólo con Pedro, Santiago y Juan, hasta que les hace la misma sugerencia que a los otros. Quiso contar con ellos entonces como ahora quiere contar con nosotros. Esa es la grandeza de nuestra vida. 
El Señor se aleja unos pocos metros de los tres apóstoles y se postra en tierra. De su boca salen palabras de queja y tristeza. Se siente abandonado  y pide ayuda a su Padre mientras acepta su voluntad. Su cuerpo de hombre joven se resiste a tan temprana e ignominiosa muerte. 
Un ángel le consuela. El Hombre-Dios, rey de los ángeles, consolado como si fuera un hombre cualquiera ¿No puede verse en esto también como un gesto más de lo que quiso humillarse por nosotros? 
Mientras Jesús oraba los discípulos a lo suyo, en este caso a su cansancio. Como ellos entonces, nosotros ahora, no tiramos del carro lo suficiente y nos disculpamos con eso de "yo no hago mal a nadie".
 El verdadero amor no es compatible con el conformarse con cumplir, hay que saltar el parapeto del propio egoísmo.
 Alguna vez, leyendo y reflexionando sobre esta escenas, hemos podido pensar que nosotros habríamos estado más atentos a su dolor . 
No hace falta entrar en muchas averiguaciones. Basta comprobar cómo nos hemos dormido abandonando al Maestro , dejándolo muy solo, cada día, en los sagrarios de nuestras iglesias. 
Puede que hayamos olvidado que nuestra religión, si bien tiene una doctrina y unos preceptos, que Él nos dejó y que por eso son necesarios, es fundamentalmente el seguimiento de una Persona, Jesucristo. 
Seguirle requiere amarle e imitarle, cosas que son muy difíciles sin tratarle. En definitiva necesitamos hablarle y, sobre todo, escucharle. Si estuviéramos convencidos de eso pasaríamos un rato cada día con Él. 
Tal vez entramos en un templo a pedir algo ante la imagen de algún santo de nuestra devoción, cosa que no criticaré, pero nos olvidamos de que Cristo está allí realmente, en el sagrario, y nos espera. 
Quizás nos falta amor para creer que pueda ser realidad un amor tan grande.

3- EL PRENDIMIENTO:
Volvamos a esa otra realidad que estamos conmemorando en esta tarde-noche. Continuamos en el huerto con Jesús que vela mientras los suyos duermen. 
Ya se oyen las voces y se ven las luces de las antorchas de los que vienen a detenerle. Están al otro lado del torrente pero no tardarán en aparecer junto a ellos. Decide acercarse a los suyos, les despierta con la frase que nos cita el Evangelio: "Ya llega el que me va a entregar". 
Y llegó Judas al frente de un tropel de hombres armados. Un beso traidor y una respuesta, "amigo a qué  has venido". La peor ofensa no es la de lo enemigos sino de los que son considerados amigos.
Leí hace algunos años que, en algunos lugares de Méjico, dibujan en el rostro de Jesús crucificado una llaga, la sexta llaga, que representa el beso de Judas. 
¿Cuántas veces habremos repetido la escena cada uno de nosotros? 
Para remediar nuestras traiciones no escojamos el final desesperado del apóstol traidor. 
Imitemos el de Pedro tras sus tres negaciones. Llora amargamente, acude, estoy seguro, a refugiarse en el cariño de la Madre de Jesús y todo esto le llevó a merecer el perdón de su Maestro. 
Aprovechemos nosotros el Año de la Misericordia proclamado por el Papa Francisco para que, de la mano de María, podamos arrepentirnos y acudir al Sacramento de la Confesión. Allí el que declara su culpa sale absuelto y recupera la alegría y la paz.

4- ANTE MARÍA
Finalmente tenemos aquí la imagen de la Virgen. Ella no formaba parte de las escenas que hemos contemplado, no estaba en el Huerto de los Olivos pero se encontraría muy presente en el pensamiento y en el corazón de su Hijo.
El Apostolado Mundial de Fátima ha querido incorporarla a este acto con especial para recordarnos que en esta noche, de forma especial, debemos acompañarla en su dolor ante las noticias que unos y otros le van trayendo. 
Aprovechando la ocasión pongamos en sus manos nuestras necesidades con la seguridad de que Jesús, como en la bodas de Caná, siempre atiende los ruegos de su Madre.
Resumiendo la peticiones que frecuentemente reza esta Asociación y que recogen parte de las palabras, que ante una imagen similar a ésta pronunciaron, en diferentes ocasiones, san Juan Pablo II y nuestro Cardenal-Arzobispo, le suplicamos:
* Madre de la Iglesia:
- Ilumina a los fieles cristianos de España en los caminos de la fe, la esperanza y la caridad.
- Protege, con tu amparo materno, a todos los hombres y mujeres de nuestra patria, en los caminos de la paz, el respeto y la prosperidad.
- Ayúdanos a vencer la amenaza del mal que atenaza los corazones de las personas e impide vivir en concordia.
- Líbranos de toda clase de terrorismo y de violencia. De todo atentado contra la vida humana, desde el primer instante de su existencia hasta el último aliento natural.
- Líbranos, también, de los ataques a la libertad religiosa y a la libertad de conciencia. De toda clase de injusticias en la vida social. De la facilidad de pisotear los Mandamientos de Dios.
- Y líbranos de las ofensas a la dignidad del matrimonio y la familia. De la propagación de la mentira y del odio. Del extravío de la conciencia del bien y del mal y de los pecados contra el Espíritu Santo.
- Protege a España entera y a sus pueblos, a sus hombres y mujeres. Que en tu Corazón Inmaculado se abra a todos la luz de la esperanza.

5- CONCLUSIÓN:
* Termino permitiéndome pedir que no  seamos pesimistas al ver lo poco que somos y nuestros muchos defectos. 
El Señor hará el milagro si, como aquél muchacho, ponemos a su disposición lo poco que tenemos, nuestros cinco panes y unos pocos peces. 
No se trata de cosas extraordinarias sino de hacer por Cristo, con Cristo y como Cristo quiere las cosas normales que nos corresponden cada día.

 Valladolid, 24 de marzo de 2016





Firmado: Alejandro González Pérez



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